El rol de la madre y el padre: la metáfora de las muñecas rusas

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Cuando llega un nuevo miembro a una familia, ¿Cuál es el rol de la madre? ¿y el del padre? ¿Quién cuida de quién? 

Con este cambio vital, el funcionamiento de la pareja de redefine y nace el rol de madre y padre. Cada familia tiene sus particularidades, un escenario concreto y tomará las decisiones convenientes según su caso, pero, ¿qué roles biológicos están ya predispuestos?

El bebé nace conociendo principalmente a su madre: su voz, su ritmo cardíaco, sus movimientos,… sabe reconocer su olor, nace con el reflejo de succión y sabe reptar hacia el pezón buscando la leche materna. A diferencia de otras especies, el recién nacido humano nace muy dependiente. Solo un 25% de su cerebro está desarrollado y, en especial durante los próximos 9 meses (periodo llamado exterogestación) necesita de condiciones similares a las que tubo en el útero materno para su óptimo desarrollo. El bebé pues, biológicamente pide cuerpo materno. 

A su vez, los últimos estudios en neurociencia demuestran que el cerebro materno, también cambia para facilitar la relación madre-bebé. En el cerebro se reduce la materia gris, asociado a una mayor sensibilidad al sufrimiento y a un aumento de la empatía. También sienten mayor vulnerabilidad a hormonas como la oxitocina y la prolactina, que facilitan el vínculo con el recién nacido y facilita el funcionamiento del cerebro a pesar de la falta de sueño y el cansancio.

¿Y el cerebro de los padres? También se ha demostrado que , durante el embarazo aumenta la materia gris y los niveles de testosterona bajan. Además, cuando se implica en la crianza estos cambios se mantienen en el tiempo. 

Respondiendo pues a la pregunta inicial, según los datos, la metáfora de las muñecas rusas puede explicar muy bien el rol de cada miembro. Como las muñecas rusas, el que está más en el exterior, cuida al que tiene dentro, que a la vez éste cuidará del que contiene. Es decir,  el recién nacido requiere como cuidadora principal a la madre, y la madre, requiere del cuidado y sostén del padre (o pareja). Que a la vez, podrá desempeñar de forma más harmónica su tarea si dispone de un sistema familiar, social,… que pueda amparar las necesidades legítimas de la nueva familia. 

Cuando no se ha podido comprender este rol biológico, suelen surgir problemas en la relación. Las frases más habituales que me llegan a consulta sobre esto son:

 

De ellas:

“él no supo estar en el lugar que le tocaba”, 

“estaba abrumada con todas las responsabilidades que tenía, y además el bebé sólo quería estar conmigo”

“noté que mi vida había cambiado radicalmente, mi cuerpo, mi libertad,… mis necesidades quedaron en un último plano, pero para él era distinto”,…

 

De ellos: 

“ella se centró solo en el bebé y me abandonó”, 

“me he sentido ignorado, por mi pareja y mi hijx, ni siquiera el bebé respondía a mis esfuerzos”

“yo intentaba hacer lo que podía pero nunca era suficiente”,…

 

Si se entiende que existen unos  mecanismos biológicos con fines evolutivos, es más sencillo aceptar el sentir de cada parte de la pareja. Son roles temporales que se van redefiniendo en cuestión de meses, en la mayoría de los casos. Es necesario que cada miembro, con el tiempo pueda tener el lugar que le haga sentir mejor, y que la/s criatura/s que en un momento estaban en el centro, puedan recolocarse en medio creando así un círculo dónde la pareja se complementa y se sostiene. 

¿Has podido hablar de esto con tu pareja? ¿Cuál ha sido tu experiencia durante los primeros meses de crianza?


*nota: en el texto me dirijo a un modelo de pareja heterosexual, porque es el público con el que mayoritariamente trabajo.

 

 

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